Pero no para ahí la obra eficiente y porfiada de este hombre emprendedor, de esta “garra”, en el sentido generoso del vocablo. Fortunato A., Júpiter de los caldenes,—si cabe el teogonismo pagano atribuído a las florestas pampeanas, donde puede el caldén, como el roble, ser símbolo de suprema fuerza forestal—lleva sus hachadores al sur, a las márgenes del río Colorado. Pero, hombre de empresa y civilizador a la vez, ha de buscar, como lo indicamos en nuestro capítulo anterior, una combinación novísima, capaz de dar la nota más alta, completa y educativa en nuestras especulaciones agrícolo-ganadero-forestales: la “chacra-monte".

No conocemos en la economía forestal el precedente que se haya anticipado a esta explotación “sui-géneris". Alemania, cuya política arbórea culmina en sabias legislaciones sobre bosques, pudiera tal vez, darnos entre sus disposiciones algún ejemplo análogo. Inglaterra no nos lo da. Ni Francia. Ni España mismo, que posee una de las codificaciones más avanzadas sobre bosques, y que a partir del Fuero Juzgo, que dejaron los godos—¡hijos de las selvas, al fin!—y las pragmáticas de los reyes Católicos, supo distribuir con mesura el patrimonio de las florestas. Ni Estados Unidos, que comenzó su conquista agraria con el incendio de sus selvas, y que, pueblo arrebatado y nuevo, no tenía noción de aquel sabio código de Castilla, que decía en su libro 8.º, título 2.º: “si algún onme enciende monte asieno o árboles de cual manera quier, préndalo el iuez, e fagal dar C azotes e faga enmienda de lo que quemó, cuemo asmaren onmes buenos"... Felizmente, para la gran nación del Norte, su fiero empuje arrasador buscó el correctivo en el culto a las plantas, extremoso y sentimental.

¿Cuál es el plan de Fortunato A.? En síntesis, crear un tipo montaraz, el hachador-labriego, que se arraigue a la tierra, que deje de ser el saltamontes, el gandul, el obrero paria, hecho a la herramienta devastadora como una prolongación cruel. El leñador, en esta nueva escuela del trabajo, sabrá bien que si desbroza la maraña, sobre el suelo domado, para él germinará la espiga que fecundará su sudor. Y con esta perspectiva, educadora y franca, ha de ser piadoso con la selva, respetando los árboles de sombra, que diseminados por el campo, abierto a los sembríos, abrigarán al ganado de sus dehesas, como preveía la pragmática de Carlos V. sobre la prudencia en las explotaciones, por que “hay mucho desorden en los disipar; de que resulta que no hay abrigo para los ganados en tiempo de fortuna y gran falta de leña".

Mucho y bueno debemos esperar de esta iniciativa que abrirá nuevos horizontes al leñador, mientras se pueblan comarcas nuevas y se fecunda la virginidad de aquellas tierras del Colorado, que son un misterio todavía para el espíritu descreído de Buenos Aires.

De cien leguas es la superficie que acaba de arrendar A. a don Dalmiro M., sobre la margen izquierda de aquel río. ¡Imagináos las sorpresas que puede guardar este feudo al empuje civilizador! Selvas impolutas, aguardan en la misteriosa soledad, la hora en que la mano del hombre vaya a adueñarse de aquel “summum munus homini datum”, que atribuía Cicerón a los bosques; praderas cerriles, que esperan la caricia sensual del arado, para abrirse en estupenda maternidad; salinas riquísimas, como lagos árticos, sólo conocidos por las aves; poéticas cuchillas y hondonadas feraces...

Hasta este fundo inmenso llevará el ferrocarril del Sur sus rieles, movido por el interés común. Son 75 kilómetros de línea, comenzada ya, que facilitarán la conquista, empalmando en el trayecto de Gaviotas y Río Colorado. Sobre esta intersección, tenemos fe en que ha de organizarse, en forma vertiginosa, una ciudad de porvenir, núcleo central del Sur pampeano.

Conjuntamente con estos campos, el señor A. ha adquirido 40.000 hectáreas vecinas, que comprende el campo de los Achával, en cuya superficie desarrollará con preferencia, su plan de colonización. Hasta allí irá un ramal de 5 kilómetros, cuyas ventajas allanarán los preliminares de la cultura agrícola a que están destinados.

Hasta el presente la comarca vecina a estos campos desconoce en absoluto las labores agrícolas. Algunas vegas están pobladas de ganadería lanar, pero en forma de crianzas rudimentarias. El futuro centro de población, el ferrocarril, que ya comienza a afirmar sus durmientes y la explotación mixta que usufructuará el monte y hará rendir forraje y cereal a la tierra desbrozada, van a sacudir la molicie del Sur y a abrir un nuevo horizonte industrial y económico a la Pampa, completando para el gran territorio, la cenefa que cerró magistralmente Pico por el Norte y por el Este el rosario de pueblos recostados sobre el Meridiano Quinto.

VOCABULARIO

Forestal. Perteneciente a los bosques.