Veamos lo que nos dice el primer colonizador de Pico, don Isidoro J. B. B., uno de los hombres más caracterizados y progresistas de Pico:
—Con motivo de un negocio de campo, entré en relación con el señor Eduardo Ch., quien conocía perfectamente este territorio y de acuerdo con él vine a revisar los campos de la sección primera, pernoctando en la estancia Las Liebres, del malogrado doctor Quintana, cuyo encargado me facilitó amablemente los medios necesarios para llenar mi cometido.
“La primera impresión que tuve de estos campos, a decir la verdad, no fué del todo agradable. La falta de pastos tiernos, en primer lugar, escasez de humus en la primera capa, me desalentaban: pero noté que a ocho o diez centímetros de profundidad, en un terreno cultivado, a pesar de los tres o cuatro meses que no llovía, subsistía una regular humedad. Comprendí entonces la bondad para el trigo, de estas tierras arenosas; en primer término, por cuanto mantienen la humedad en tiempo de sequía prolongada, permitiendo la filtración del agua en caso de exceso de lluvia.
“Por último, tuve una prueba más decisiva y me permito citarla. A pocas cuadras de la estancia Las Liebres, había una pequeña parva que más bien parecía un montón de yuyos. Por un peón supe que aquello era trigo cosechado en el año anterior, que quedó sin trillar, por falta de máquinas. En seguida me trasladé al lugar de la parva y del interior de la misma saqué un manojo de espigas. Fué para mí una grata sorpresa constatar la calidad superior a todos mis cálculos; era un trigo húngaro, de un color y peso, para mí desconocido en la provincia de Santa Fe. Me es grato, en este momento, dejar constancia que dicho hallazgo me llenó de entusiasmo.
“Regresé en seguida a Buenos Aires para firmar el contrato de arrendamiento, conjuntamente con el señor Ch., de la colonia La Argentina, del señor Antonio D.
“El año 1906 se fundaron las colonias Belbedere, Itálica, Las Liebres, etc. En 1907, se incorporaron las colonias Malvicino y colonia Dora. En 1905, sólo el señor José B. sembró unas treinta hectáreas de trigo, con un peso específico de 81 y 83 kilógramos por hectólitro y un rinde de 650 kilógramos por hectárea. Los demás colonos sembraron maíz con resultados poco satisfactorios.
“¿Cómo se explica que en los primeros años se obtuvo trigo de muy buena calidad y peso específico, producción que hoy no se consigue? La contestación, por lo general, es la siguiente: “Tierra vieja, cansada". Verdad es que ya no tiene la cantidad de humus, arcilla, silice, calcáreo, etcétera, que tenía los primeros años de su cultivo: pero también es cierto que el resultado poco satisfactorio obtenido en estos últimos años, sobre todo en calidad y peso específico, a pesar de las abundantes lluvias caídas, no es del todo culpa de la tierra, si no de muchas causas, y ocuparía demasiado tiempo en explicarlas en la forma debida. La mayor parte de los colonos preparan con una sola reja la tierra destinada a la siembra de los cereales, unos por abarcar más de lo que pueden, otros por inexperiencia y otros por falta de elementos: resultando, por esta causa que las tierras cultivadas temprano, si bien entierran cuanto yuyo o maciegas hay en el campo, raros son los años que no nazcan al poco tiempo, el trigo quedado en el rastrojo: y a pesar que el agricultor siembra con sembradoras de discos, ese trigo, que vulgarmente se llama “guacho”, no se extirpa, al contrario; se desarrolla con más vigor, cubriendo de tal modo el trigo recién nacido, que en retazos lo ahoga casi por completo.”
No pueden ser más interesantes estos preliminares hondamente vinculados al progreso de la región. Con hombres de esta laya, emprendedores, tenaces, inteligentes, el porvenir de Pico estaba asegurado.
El desenvolvimiento demográfico y la vida social, reclamaron, bien luego, apremiosas atenciones urbanas. Seis años después—el primero de febrero de 1912—el gobierno federal, le acuerda el derecho de municipalidad propia, dilatando injustificadamente una autonomía bien ganada con prestigios propios.
De entonces acá, la cosa pública ha estado en manos de buenos munícipes. Hoy Pico cuenta con más de 7.000 habitantes en su éjido urbano, y 15.000 con su Departamento de cien leguas. Tiene sus calles abovedadas y arborizadas de ligustros. Posee una sucursal del Banco de la Nación y una importante sociedad de seguros contra el granizo—“La Pampa"—mercado, hospital, buenos hoteles, escuelas del Estado y particulares, dos salas-teatro, una hermosa plaza pública, donde la gratitud popular—¡bella ofrenda!—ha levantado el busto de Alsina; fábricas de mosaicos, de jabón, de hielo, de pastas alimenticias, fideos, etc.; fuertes y bien acreditadas casas de comercio, cuatro remate-ferias; luz eléctrica y teléfono, periódicos, biblioteca pública y oficina municipal de trabajo. Y como si esto no fuera un síntoma definitivo de su prosperidad, en sus praderas vecinas pacen más de 50.000 cabezas de bovinos, 80.000 lanares y 15.000 yeguarizos, tecnificados con alta mestización.