[91] Vino a España engañado con la esperanza de casar con una Infanta de Castilla y siguió la Corte de los Reyes Católicos durante diez años, más acariciado que favorecido. Otros diez pasó encerrado en el Castillo de Játiba, por haber intentado escapar de su dorado cautiverio, y el Emperador Carlos V le dió, en premio de su conducta durante las germanías, la libertad con la mano de la Reina viuda D.ª Germana, y el Virreinato de Valencia, que aquélla había desempeñado dos veces, la primera en vida de su real consorte, y la segunda siendo ya esposa del Duque de Brandemburgo.
[92] Conocido es el epitafio:
Hic jacet in tumulo Lucretia nomine, sed re
Thais, Alexandri filia, sponsa, nurus.
[93] El anónimo autor de la Carta a Silvio Savelli, dice que la fiesta tuvo lugar el día de Todos los Santos.
[94] Gregorovius, que salva las dificultades del italiano del siglo XVI traduciéndolo a su capricho, hace aquí decir al Prete que al Cardenal Hipólito le brillaban los ojos, cuando ni aun siquiera le nombra, y la frente de Lucrecia es la que brillaba.
[95] Debía ser Catalina la Loca, devotísima de Lucrecia, a quien llamaba familiarmente Deda, y la cual, cuando murió su ama, quiso ir a Mantua y allí estuvo con la Marquesa Isabel cinco años. Era además de mentecata, muy aficionada al vino y a lo ajeno.
[96] Era una esclava mora y llamábase también Catalina.
[97] Catalano en su Lucrezia Borgia, Duchessa di Ferrara, cita este documento como autógrafo de la Marquesa de Mantua; pero Luzio, en Isabella d’Este e i Borgia, lo atribuye al Canciller de la Marquesa.
[98] Despacho del Embajador veneciano Giustinian, de 23 de Diciembre de 1502.