[4] Existía una tradición popular que aseguraba que sólo se habían acuñado tres peniques en el reinado de la reina Ana; que dos de ellos se conservaban bajo la custodia pública; y que nadie sabía donde se hallaba el tercero, pero que la persona bastante feliz para encontrarlo podría obtener por él un precio enorme. Diremos de paso que hubo ocho monedas de penique en el reinado de la reina Ana y que los numismáticos no consideran de gran valor estos ejemplares.
[5] Hábil toque para preparar el espíritu del lector a recibir el cuento.
[6] Stúyvesant fué gobernador de los Nuevos Países Bajos desde 1647 hasta 1664. Desempeña papel muy importante en la Knickerbocker’s History of New York, como sucedió en la vida real. Hasta muy recientemente se mostraba en el Bówery un peral que se decía haber sido plantado por él.
[7] Los Van Winkle figuran en el ilustre catálogo de héroes que acompañaron a Péter Stúyvesant al fuerte Christina y estaban
“Llenos de ardor y coles.”
Véase la History of New York, libro VI, capítulo VIII.
[8] Sobre el Hudson. Esta fortaleza es famosa por el atrevido asalto del “loco” Anthony Wayne, el 15 de julio de 1779.
[9] Algunas millas arriba de Stony Point se encuentra el promontorio de Ánthony’s Nose (La nariz de Antonio). Si hemos de dar crédito a Díedrich Kníckerbocker, este promontorio fué llamado así en memoria de Anthony Van Córlear, trompeta de Stúyvesant. “Debe saberse que la nariz de Ánthony el trompeta era de tamaño muy desarrollado, elevándose atrevidamente en su rostro como una montaña de Golconda.... Ahora, sucedió que cierta brillante mañana muy temprano, habiendo lavado cuidadosamente su voluminoso semblante el buen Anthony, estaba inclinado sobre el entrepaño de la galera contemplándose en las claras ondas. En este preciso momento el ilustre sol, rompiendo en todo su esplendor detrás de un alto risco de las montañas, lanzó uno de sus rayos más fulgentes sobre la bruñida nariz del trompeta; y la refracción de este rayo cayendo directamente al fondo del agua como ardiente proyectil fué a matar a un enorme cocodrilo que se solazaba cerca del buque.... Cuando este prodigioso milagro llegó a oídos de Péter Stúyvesant, le causó... extraordinaria maravilla; y como monumento a tal suceso, dió el nombre de Ánthony’s Nose a un macizo promontorio de las cercanías que ha continuado llamandose así desde aquellos tiempos.”—History of New York, libro VI. capítulo IV.
[10] Adrián Vánderdonk.
[11] Se decía que Federico I de Alemania, 1121-1190, llamado der Róthbart (Barbarroja o Rufus), no había muerto sino que estaba sumido en profundo sueño del cual despertará tan pronto como Alemania le necesite. Igual leyenda refieren los daneses con respecto de su Hólger.