En la época en que principia esta Crónica, Fernando é Isabel, de gloriosa y feliz memoria, reinaban en los reinos unidos de Castilla, Leon y Aragon; y Muley Aben Hazen ocupaba el trono de Granada.

Este Muley Aben Hazen habia sucedido á su padre Ismael en 1465, siendo Rey de Castilla y de Leon don Enrique IV, hermano y predecesor inmediato de la Reina Isabel. Era del esclarecido linage de Mahomed Aben Alamar, el primero de los Reyes moros de Granada, y era el mas poderoso de su línea, pues se habia acrecentado mucho su poder con la pérdida de otros reinos, que los cristianos habian conquistado á los moros, y con haberse acogido á su proteccion muchas ciudades y lugares fuertes de los reinos contiguos á Granada, que no quisieron rendir vasallage á los cristianos. Asi se fueron dilatando los estados de Muley, y tal vino á ser su poblacion y riqueza, cual no habia ejemplo; pues se contaban en ellos catorce ciudades y noventa y siete plazas fuertes, ademas de un gran número de aldeas y lugares abiertos, defendidos por castillos formidables; el espíritu de Aben Hazen creció á la par de su poderío.

El tributo en dinero y cautivos, habia sido pagado puntualmente por Ismael, y aun Muley en una ocasion habia asistido personalmente á su pago en Córdoba. Pero la insolencia y menosprecio que sufrió entonces de los orgullosos castellanos, habian despertado toda su indignacion, y se enfurecia el africano altivo al recordar aquella humillante escena y el envilecimiento de los suyos. Asi, cuando subió al trono, cesó enteramente el pago del tributo, y bastaba traérselo á la memoria para que la cólera le arrebatase.

CAPÍTULO II.

Los Reyes Católicos envian á pedir el tributo al moro: lo que éste contestó, y como quebrantó la tregua.

En el año de 1478, llegó á las puertas de Granada un caballero español de orgulloso porte y muy noble presencia, que venia como Embajador de los Reyes Católicos, para reclamar los atrasos del tributo. Llamábase don Juan de Vera, y era un devoto y celoso caballero, lleno de ardor por la fé y de lealtad por la corona. Venia perfectamente montado y armado de todas piezas, y le seguia una comitiva corta, pero bien apercibida.