El prudente clavero, todavia desconfiaba de la sinceridad de éste que ni bien era moro ni bien cristiano, y continuó: “¿Qué seguridad me darás de ser conmigo mas leal, que con el alcaide de Zalea?”

“El alcaide, exclamó airado el moro, ¡es un tirano! me tiene agraviado, y le he jurado venganza.”

“Basta, dijo don Gutierre, á tu venganza me atengo; ella me asegura mucho mas que tu cristianismo.”

Entonces don Gutierre, reuniendo en consejo á los caballeros que le acompañaban, les propuso la empresa de sorprender á Zalea, que de todos fue aprobada como único medio de vengar la muerte de sus camaradas, y borrar la afrenta que padecia la órden por su reciente descalabro. Se despacharon espías para reconocer á Zalea y comunicar con el hermano del moro; se ajustó la suma en que se habia de pagar este servicio, y diéronse las demas disposiciones necesarias, para el buen éxito de la empresa.

Venida la noche que habia señalado el moro, fueron con él cierto número de caballeros; y estando cerca de Zalea, le ataron las manos por detras, amenazándole con la muerte á la menor señal de traicion. Prosiguieron entonces su camino, guiándolos el moro, y á la media noche llegaron bajo el muro de la ciudadela. Hecha la señal convenida, se descolgó por la muralla una escala, y subieron por ella primero Gutierre Muñoz y Pedro de Alvarado, siguiendo á éstos otros escuderos. Dentro ya de la ciudadela, sorprenden á los guardas, los matan, los arrollan, y se hacen dueños de una torre. Alarmada la guarnicion, se aperciben los moros á la defensa; pero confusos, atemorizados y medio desnudos, tuvieron que ceder al valor impetuoso de los caballeros de Calatrava: los mas fueron llevados á cuchillo; los otros quedaron prisioneros. En espacio de una hora, y con poca pérdida, se apoderaron los cristianos de la ciudadela, y á consecuencia se sometió tambien la villa. Hallaron en los almacenes gran cantidad de provisiones, que enviadas á Alhama, remediaron la necesidad de aquella guarnicion.

Asi se ganó la fuerte villa de Zalea por los caballeros de Calatrava, que con esta hazaña restauraron la gloria de su órden, algun tanto ofuscada por el fatal encuentro que poco antes tuvieron con el Zagal. Este peregrino suceso, ocurrió por el mismo tiempo que la toma de Cambil y Alhabar; terminando asi prósperamente los variados eventos de tan importante año. Fernando é Isabel se retiraron á Alcalá de Henares, donde la Reina, el dia 16 de diciembre, dió á luz á la Infanta Catalina, despues esposa de Enrique VIII de Inglaterra.