En cuanto á los moros de la guarnicion, Cidi Yahye, no pudiendo desentenderse de la consideracion que le merecian como compatriotas, los puso en libertad, y les permitió pasar á Granada. Esta indulgencia ningun efecto favorable produjo en la opinion de sus amigos y deudos en la capital; porque indignados estos al saber el ardid con que se habia tomado el castillo de Roman, se unieron con el público para maldecirle como traidor.
Pero la indignacion del pueblo de Granada subió de punto con la noticia de otro suceso todavia mas sensible. El anciano guerrero Muley Audalla el Zagal, mal hallado con el sosiego é inaccion de su pequeño reino, y no pudiendo contener su fogoso espíritu dentro de los estrechos límites á que estaba reducido, determinó volver á las armas, y acudir al servicio del Rey de Castilla, que sabia estaba haciendo la tala de la vega. Reuniendo, pues, toda su fuerza disponible, que no pasaba de doscientos hombres, se presentó en el real cristiano, dispuesto á servir á su enemigo natural; por el anhelo de arrancar la ciudad de Granada del poder de su sobrino.
La ceguedad del colérico Monarca perjudicó su causa, al mismo tiempo que fortaleció la de su contrario. Los moros de Granada le habian prodigado las alabanzas mientras le consideraban víctima de su patriotismo; pero cuando le vieron armado contra su misma nacion, y alistado bajo las banderas del cristiano, le colmaron de baldones y vituperios. La opinion pública, tomando, como era consiguiente, una direccion inversa, corria ahora en favor de Boabdil; y agolpado el pueblo delante de la Alhambra, le saludaba como su única esperanza, y como el apoyo de la pátria. Boabdil, animado por esta inesperada expresion de favor popular, salió de su retiro, y fue recibido con vivas y aclamaciones: sus pasados yerros le fueron todos perdonados, los males padecidos se atribuyeron á su tio, y en aquella efervescencia de los ánimos, si alguno dejaba de victorear á Boabdil, era para fulminar execraciones contra el Zagal.
CAPÍTULO XXX.
El Rey de Granada sale á campaña; expedicion contra Alhendin; hazaña del conde de Tendilla.
Concluida la tala de la vega, que duró por espacio de treinta dias, y hecha ahora un desierto aquella vasta campiña poco ha tan florida, se retiró el ejército devastador, y pasando el puente de Pinos, marchó al través de las montañas con direccion á Córdoba. Boabdil, rotos los lazos que le unian al Rey cristiano, y viendo que no le quedaba mas recurso que el de sus propias fuerzas, se apresuró á prevenir los efectos del estrago reciente, abriendo con la espada un conducto por donde la capital recibiese socorros de fuera.