ANTONIO.
No sé qué decir.
BASANIO.
¿Tú, señora, fuiste el letrado, y yo no te conocia?
GRACIANO.
¿Y tú, Nerissa, el pasante?
NERISSA.
Sí, pero un pasante que no piensa engalanar tu frente, mientras fuere tu mujer.
BASANIO.
Amado doctor, partireis mi lecho, y cuando yo falte de casa, podreis dormir con mi mujer.