Los estoy poniendo en paz. Envaina tú, y no busques quimeras.
TEOBALDO.
¡Hablarme de paz, cuando tengo el acero en la mano! Más odiosa me es tal palabra que el infierno mismo, más que Montesco, más que tú. Ven, cobarde. (Reúnese gente de uno y otro bando. Trábase la riña.)
CIUDADANOS.
Venid con palos, con picas, con hachas. ¡Mueran Capuletos y Montescos!
(Entran Capuleto y la señora de Capuleto.)
CAPULETO.
¿Qué voces son esas? Dadme mi espada.
SEÑORA.
¿Qué espada? Lo que te conviene es una muleta.