No permite tan indigna traicion la santidad de mi amor. Ardan mis verdaderas lágrimas, ardan mis ojos (que antes se ahogaban) si tal herejía cometen. ¿Puede haber otra más hermosa que ella? No la ha visto desde la creacion del mundo, el sol que lo ve todo.

BENVOLIO.

Tus ojos no ven más que lo que les halaga. Vas á pesar ahora en tu balanza á una mujer más bella que esa, y verás cómo tu señora pierde de los quilates de su peso, cotejada con ella.

ROMEO.

Iré, pero no quiero ver tal cosa, sino gozarme en la contemplacion de mi cielo.

ESCENA III.

En casa de Capuleto.

La señora de CAPULETO y el AMA.

SEÑORA.

Ama, ¿dónde está mi hija?