Se va á enfadar, si te oye.

MERCUTIO.

Verás cómo no: se enfadaria, si me empeñase en encerrar á un demonio en el círculo de su dama, para que ella le conjurase; pero ahora vereis cómo no se enfada con tan santa y justa invocacion, como es la del nombre de su amada.

BENVOLIO.

Sígueme: se habrá escondido en esas ramas para pasar la noche. El amor como es ciego, busca tinieblas.

MERCUTIO.

Si fuera ciego, erraria casi siempre sus tiros[2]. Buenas noches, Romeo. Voyme á acostar, porque la yerba está demasiada fria para dormir. ¿Vámonos ya?

BENVOLIO.

Vamos, ¿á qué empeñarnos en buscar al que no quiere ser encontrado?

ESCENA II.