Él sea en tu guarda. ¿Quién me saluda con tan dulces palabras, al apuntar el dia? Levantado y á tales horas, revela sin duda intranquilidad de conciencia, hijo mio. En las pupilas del anciano viven los cuidados veladores, y donde reina la inquietud ¿cómo habitará el sosiego? Pero en lecho donde reposa la juventud ajena de todo pesar y duelo, infunde en los miembros deliciosa calma el blando sueño. Tu visita tan de mañana me indica que alguna triste ocasion te hace abandonar tan pronto el lecho. Y si no... será que has pasado la noche desvelado.

ROMEO.

¡Eso es, y descansé mejor que dormido!

FRAY LORENZO.

Perdónete Dios. ¿Estuviste con Rosalía?

ROMEO.

¿Con Rosalía? Ya su nombre no suena dulce en mis oidos, ni pienso en su amor.

FRAY LORENZO.

Bien haces. Luego ¿dónde estuviste?

ROMEO.