JULIETA.
Calla, calla: eso ya me lo sabia yo. ¿Pero que hay de la boda? dímelo.
AMA.
¡Jesús! ¡qué cabeza la mia! Pues, y la espalda... ¡Cómo me mortifican los riñones! ¡La culpa es tuya que me haces andar por esos andurriales, abriéndome la sepultura antes de tiempo!
JULIETA.
Mucho siento tus males, pero acaba de decirme, querida ama, lo que te contestó mi amor.
AMA.
Habló cómo un caballero lleno de discrecion y gentileza; puedes creerme. ¿Dónde está tu madre?
JULIETA.