Plaza de Verona.

MERCUTIO, BENVOLIO.

BENVOLIO.

Amigo Mercutio, pienso que debíamos refrenarnos, porque hace mucho calor, y los Capuletos andan encalabrinados, y ya sabes que en verano hierve mucho la sangre.

MERCUTIO.

Tú eres uno de esos hombres que cuando entran en una taberna, ponen la espada sobre la mesa, como diciendo: «ojalá que no te necesite», y luego, á los dos tragos, la sacan, sin que nadie les provoque.

BENVOLIO.

¿Dices que yo soy de esos?

MERCUTIO.