TEOBALDO.
Pues véte á acompañarle tú, necio, que con él ibas siempre.
ROMEO.
Ya lo decidirá la espada. (Se baten, y cae herido Teobaldo.)
BENVOLIO.
Huye, Romeo. La gente acude y Teobaldo está muerto. Si te alcanzan, vas á ser condenado á muerte. No te detengas como pasmado. Huye, huye.
ROMEO.
Soy triste juguete de la suerte.
BENVOLIO.