CAPULETO.
¡Escucharte! ¡Necia, malvada! Oye, el juéves irás á San Pedro, ó no me volverás á mirar la cara. No me supliques ni me digas una palabra más. El pulso me tiembla. Esposa mia, yo siempre creí que era poca bendicion de Dios el tener una hija sola, pero ahora veo que es una maldicion, y que áun ésta sobra.
AMA.
¡Dios sea con ella! No la maltrateis, señor.
CAPULETO.
¿Y por qué no, entremetida vieja? Cállate, y habla con tus iguales.
AMA.
A nadie ofendo... No puede una hablar.
CAPULETO.
Calla, cigarron, y véte á hablar con tus comadres, que aquí no metes baza.