Hemos llegado á su casa. Le llamaré.

YAGO.

Llámale á gritos y con expresiones de angustia y furor, como si de noche hubiese comenzado á arder la ciudad.

RODRIGO.

¡Levantaos, señor Brabancio!

YAGO.

¡Levantaos, Brabancio! ¡Que los ladrones se llevan vuestra riqueza y vuestra hija! ¡Al ladron, al ladron!

(Aparece Brabancio en la ventana.)

BRABANCIO.

¿Qué ruido es ese? ¿Qué pasa?