RODRIGO.
Aquí está Otelo, señor.
BRABANCIO.
¡Ladron de mi honra! ¡matadle! (Trábase la pelea.)
YAGO.
Ea, caballero Rodrigo: aquí, á pié firme, os espero.
OTELO.
Envainad esos aceros vírgenes, porque el rocío de la noche podria violarlos. Venerable anciano, vuestros años me vencen más que vuestra espada.
BRABANCIO.