DESDÉMONA.
Hagamos la prueba. ¿Fué álguien al puerto?
YAGO.
Sí, señora.
DESDÉMONA.
Mi aparente alegría oculta honda tristeza. ¿Qué dirias de mí, si tuvieras que alabarme?
YAGO.
Por más vueltas que doy al magin, con nada atino. Parece que mi ingenio se me escapa como liga de frisa. Hé aquí por fin el parto de mi musa. «Si es blanca y rubia, su hermosura engendrará placer de que ella sabiamente participe.»
DESDÉMONA.
No dices mal. ¿Y si es morena y discreta?