OTELO.
Ya está acabado todo, amiga mia. Vámonos á descansar. Yo haré curar vuestra herida, caballero, (á Montano). Yago, procura calmar al pueblo, si es que anda alterado con la riña. Vámonos, Desdémona. Esta es la vida del guerrero. Hasta en el seno del placer viene á despertarle ruido de armas.
(Quedan solos Casio y Yago.)
YAGO.
¿Estais herido, teniente?
CASIO.
Sí, y no hay cirujano que pueda curarme.
YAGO.
¡No lo quiera Dios!
CASIO.