No te vayas. Escúchame. Mejor es que seas honrado.
YAGO.
No: seré ladino y cauteloso. La bondad se convierte en insensatez cuando trabaja contra sí misma.
OTELO.
¡Por Dios vivo! Yo creo y no creo que mi mujer es casta, y creo y no creo que tú eres hombre de bien. Pruebas, pruebas. Su nombre, que resplandecia antes más que el rostro de la luna, está ahora tan oscuro y negro como el mio. No he de sufrirlo, mientras haya en el mundo cuerdas, aceros, venenos, hogueras y rios desbordados. ¡Pruebas, pruebas!
YAGO.
Señor, veo que sois juguete de la pasion, y ya me va pesando de mi franqueza. ¿Quereis pruebas?
OTELO.
No las quiero: las tendré.