YAGO.

Ten prudencia. Con certidumbre no sé nada. ¿Quién sabe si será fiel todavía? ¿No has visto alguna vez un pañuelo bordado en manos de Desdémona?

OTELO.

Sí, por cierto; fué el primer regalo que la hice.

YAGO.

No lo sabia yo, pero ví en poder de Casio un pañuelo, del todo semejante. Sí: estoy seguro de que era el de vuestra mujer.

OTELO.

¡Si fuera el mismo!...

YAGO.

Aquel ú otro: basta que fuera de ella para ser un indicio desfavorable.