Su risa provocará la ira de Otelo. Toda la alegría y regocijo del pobre Casio la interpretará con la triste luz de sus celos. ¿Qué tal, teniente mio?
CASIO.
Mal estoy, cuando te oigo saludarme con el nombre de ese cargo, cuya pérdida tanto me afana.
YAGO.
Insistid en vuestros ruegos, y Desdémona lo conseguirá. (En voz baja.) Si de Blanca dependiera el conseguirlo, ya lo tendriais.
CASIO.
¡Pobre Blanca!
OTELO.
(Aparte.) ¡Qué risa la suya!
YAGO.