Yago me está haciendo señas. Ahora va á empezar la historia.
CASIO.
Ahora poco la he visto: en todas partes me sigue. Dias pasados estaba yo en la playa hablando con unos venecianos, cuando ella me sorprende y se arroja á mi cuello...
OTELO.
(Aparte.) Y te diria: «hermoso Casio» ó alguna cosa por el estilo.
CASIO.
Y me abrazaba llorando, y se empeñaba en llevarme consigo.
OTELO.
Y ahora contará cómo le llevó á mi lecho. ¿Por qué, por qué estaré yo viendo las narices de ese infame, y no el perro á quien he de arrojárselas?
CASIO.