DESDÉMONA.

Te lo suplico de rodillas. ¿Qué pensamientos son los tuyos? No te entiendo, pero pareces loco furioso.

OTELO.

¿Y tú qué eres?

DESDÉMONA.

Tu fiel esposa.

OTELO.

Si lo juras, te condenas eternamente, aunque puede que el demonio, al ver tu rostro de ángel, dude en apoderarse de tí. Vuelve, vuelve á condenarte: júrame que eres mujer de bien.

DESDÉMONA.

Dios lo sabe.