OTELO.

Pues qué, ¿no eres mujer ramera?

DESDÉMONA.

No: te lo juro como soy cristiana. Yo me he conservado tan pura é intacta como el vaso que sólo tocan los labios del dueño.

OTELO.

¿No eres infiel?

DESDÉMONA.

No: así Dios me salve.

OTELO.

¿De veras lo dices?