¿Pues qué ha sido, señora mia?

EMILIA.

¡Ay, Yago! El moro la ha insultado, llamándola ramera y otros vocablos groseros y viles, intolerables para todo pecho bien nacido.

DESDÉMONA.

¿Y yo merecia eso?

YAGO.

¿Qué, señora mia?

DESDÉMONA.

Lo que él me ha dicho.

YAGO.