Pienso que no procedes de buena fe conmigo.
YAGO.
¿Y por qué?
RODRIGO.
No hay dia que no me engañes, y más parece que dificultas el éxito de mis planes, que no que le allanas; y á fe mia, que ya no tengo paciencia ni sufriré más, porque fuera ser necio.
YAGO.
¿Me oyes, Rodrigo?
RODRIGO.
Demasiado te he oido, porque tienes tan buenas palabras como malas obras.
YAGO.