GRACIANO.

Mucho me place el veros.

YAGO.

¿Cómo os sentís, Casio? ¡Que traigan una silla de manos!

GRACIANO.

¡Rodrigo!

YAGO.

No cabe duda que es él. Lo deploro. Venga la litera. Llevadle despacio á casa de alguna persona caritativa. Me iré á llamar al médico de Otelo. No tengais cuidado, señora. El desdichado que ahí yace muerto, fué muy amigo mio. ¿Cuál seria la causa de la pendencia?

CASIO.

Ciertamente que no lo sé. Ni siquiera le conozco.