Á vuestras órdenes, Alteza.
DUX.
Te tengo lástima, porque vienes á responder á la demanda de un enemigo cruel y sin entrañas, en cuyo pecho nunca halló lugar la compasion ni el amor, y cuya alma no encierra ni un grano de piedad.
ANTONIO.
Ya sé que V. A. ha puesto empeño en calmar su feroz encono, pero sé tambien que permanece inflexible, y que no me queda, segun las leyes, recurso alguno para salvarme de sus iras. A ellas sólo puedo oponer la paciencia y la serenidad. Mi alma tranquila y resignada soportará todas las durezas y ferocidades de la suya.
DUX.
Decid que venga el judío ante el tribunal.
SALARINO.
Ya viene, señor. Está fuera, esperando vuestras órdenes.
(Entra Sylock.)