Orlando.—Presto, señor; pero sus deseos son más modestos.
Duque.—Sólo probaréis una suerte.
Carlos.—Aseguro á vuestra alteza que no tendrá ocasión de rogarle para la segunda, después de haber intentado con tanto empeño disuadirle de la primera.
Orlando.—Pensáis burlaros de mí después. No deberíais burlaros antes. Pero probad como gustéis.
Rosalinda.—Que Hércules os asista, ¡oh joven!
Celia.—Quisiera ser invisible para atrapar por una pierna á aquel hombronazo. (Carlos y Orlando luchan).
Rosalinda.—¡Oh extraordinario joven!
Celia.—Si pudiera lanzar de mis ojos un rayo, ya sé quién había de caer.
(Carlos es derribado.—Aclamación).