Rosalinda. (Dándole una cadena de su cuello).—Caballero, llevad esto en recuerdo mío; que por contraria fortuna no tengo en la mano los medios de ofrecer todo lo que quisiera. ¿Nos iremos, prima?

Celia.—Sí. Adios, gentil caballero.

Caballero, llevad esto en recuerdo mío.

Caballero, llevad esto en recuerdo mío.

Orlando.—¿No puedo daros las gracias? Me habéis abrumado en lo que hay de mejor en mí, y sólo quedo en vuestra presencia como un poste, como un mármol inerte.

Rosalinda.—Nos llama. Mi orgullo ha desaparecido junto con mi prosperidad. Le preguntaré lo que desea. ¿Nos llamasteis, caballero? Habéis luchado bien, y vencido aún más que á vuestros adversarios.

Celia.—¿Nos vamos, prima?

Rosalinda.—Soy con vos. Quedad con Dios.