Adam.—Poneos en camino, señor; que yo os seguiré hasta el último aliento, con sincera lealtad. Desde que tuve diez y siete años hasta ahora que cuento cerca de ochenta, he vivido aquí; pero ya aquí no vivo más. Muchos prueban fortuna á los diez y siete años; pero á los ochenta es demasiado tarde. Sin embargo, la fortuna no puede darme mejor premio que el morir bien, habiendo cumplido mi deber con el amo.
(Salen.)
ESCENA IV.
El bosque de Ardenas.
Entran ROSALINDA en traje de mancebo. CELIA vestida de pastora y PIEDRA-DE-TOQUE.
Rosalinda.—¡Oh Júpiter! ¡Qué fatigado está mi ánimo!
Piedra.—Poco me importaría el ánimo, si no tuviera cansadas las piernas.
Rosalinda.—Si me dejara llevar de mi corazón, deshonraría mi traje de hombre llorando como una mujer. Pero debo animar á la parte más débil; porque justillo y bragas han de ostentar valor ante una falda. Ánimo, pues, buena Aliena.
Celia.—Te ruego que tengas paciencia conmigo. No puedo seguir adelante.
Piedra.—Pues por lo que á mí atañe, mejor querría llevaros en paciencia que llevaros en brazos; aunque llevaros á cuestas no sería llevar ninguna cruz; pues creo que andáis con la bolsa vacía.