Corino.—No más que lo suficiente para comprender que cuanto más enfermo está uno, peor se siente; que faltan tres buenos amigos á quien no tiene dinero, medios y satisfacción; que la lluvia moja y el fuego quema; que el buen pasto engorda al rebaño; y que entra por mucho el que no haya sol para que sea de noche; y que quien no adquirió ingenio por la naturaleza ó por el arte, puede quejarse ó de su educación ó de su mala estirpe.
Piedra.—Un hombre así es un filósofo natural. ¿Has estado alguna vez en la corte, pastor?
Corino.—No, por cierto.
Piedra.—Pues entonces estás condenado.
Corino.—Espero que no.
Piedra.—Condenado, en verdad. Te tostarán por un lado como huevo mal frito.
Corino.—¿Por no haber estado en la corte? ¿Y por qué?
Piedra.—Es claro. No habiendo estado en la corte nunca has visto buenos modales; y no habiendo visto buenos modales, los tuyos tienen que ser muy malos; y lo malo es un pecado y el pecado se condena. En mal trance te veo, pastor.
Corino.—Nada de eso, Piedra-de-toque. Tan ridículos son en el campo los buenos modales de la corte, como risibles en la corte las maneras del campo. Me habéis dicho que en la corte no saludáis sino que besáis las manos. Tal cortesía no fuera decente, si los cortesanos fuesen pastores.
Piedra.—Un ejemplo, pronto; vamos, un ejemplo.