Febe.—Si la vista y la forma no engañan, ¡adios mi amor!
Rosalinda (al duque.)—No tendré padre, si no lo sois vos. (A Orlando.) No tendré esposo, si no lo sois vos. (A Febe.) Ni me casaré con mujer, si no es con vos.
Himeneo. ¡Silencio! No haya algazara.
Yo de esta historia tan rara
deduzco una conclusión.
Aquí veo cuatro pares
que juntar en mis altares,
de mano y de corazón.
(A Rosalinda y Orlando.)
Seréis felices unidos.
(A Oliverio y Celia.)
Dos en uno confundidos
como ellos, habréis de ser.
(A Febe.)
Al zagal tu amor escoja,
si tener no se te antoja
por marido una mujer.
(A Piedra y Tomasa.)
Vosotros en firme nudo
seréis el invierno rudo
y el granizar y el llover.
Entre nupciales canciones,
averiguad las razones
del suceso singular
que aquí nos ha reunido,
y veréis cómo ha nacido
y cómo pudo acabar.
CANTO.
La diadema de Juno
fueron las bodas,
que en mesa y lecho junta
las almas todas.
Honremos á Himeneo
que puebla al mundo
y es en todas las zonas
el dios fecundo.
Duque.—Bienvenida eres ¡oh amada sobrina! No menos bienvenida que propia hija.
Febe (á Silvio).—No faltaré á mi palabra, ahora que eres mío. Tu constancia te ha conciliado mi afecto.
(Entra Jaques de Bois.)
Jaques de B.—Concededme audiencia para unas pocas palabras. Soy el hijo segundo de sir Rowland de Bois, y traigo á la digna Asamblea estas nuevas: El duque Federico, informado del considerable número de hombres de valer que diariamente afluyen á este bosque, se puso á la cabeza de un grande ejército para apoderarse aquí de su hermano y darle muerte. Había llegado ya á los linderos de este bosque, cuando se encontró con un anciano religioso, y después de una conferencia con él, quedó resuelto á abandonar su empresa y á retirarse del mundo. La corona queda devuelta á su hermano, y restituídos a sus compañeros de destierro todas las propiedades que poseían. De la verdad de estas noticias respondo con mi vida.
Duque.—Sed bienvenido, joven. Traes hermosos presentes á las bodas de tu hermano. Al uno, sus tierras confiscadas, y al otro todo un territorio, un poderoso ducado. Ante todo, acabemos en este bosque lo que fué tan felizmente comenzado; y en seguida, todos los que han compartido con nosotros acerbos días, participen de la vuelta de nuestra buena fortuna, conforme á su jerarquía. Y al mismo tiempo, olvidemos por un momento esta nueva dignidad, y volvamos á nuestros regocijos campestres. Suene la música, y vosotros, novios y novias, medid por nuestra alegría los compases de la danza.