Antífolo.—¿Estoy en la tierra, en el cielo ó en el infierno? ¿Estoy dormido ó despierto, loco ó en mi buen sentido? Conocido de éstas y disfrazado para mí mismo. Diré lo que digan ellas, lo sostendré con perseverancia y en esta niebla me dejaré llevar á todas las aventuras.

Dromio.—Amo, ¿serviré de portero?

Antífolo.—Sí; no dejes entrar á nadie, si no quieres que te rompa la cabeza.

Luciana.—Vamos, venid, Antífolo. Comemos demasiado tarde.

(Salen.)

ACTO III.

ESCENA I.