Antífolo.—Pero el dinero ¿dónde está?

Dromio.—Por supuesto, he dado el dinero por el cordel.

Antífolo.—¿Quinientos ducados, tunante, por un pedazo de soga?

Dromio.—Yo os daría quinientas, señor, por ese precio.

Antífolo.—¿Pues para qué te mandé correr á toda prisa al alojamiento?

Dromio.—Para traeros un pedazo de soga, señor; y con este he vuelto.

Antífolo.—Y con este fin, voy á recibirte como mereces.

(Le golpea.)

El oficial.—Paciencia, señor.

Dromio.—Verdaderamente yo soy quien debe ser paciente: me acosa la adversidad.