Pocofondo.—Un buen perro, señor, un hermoso perro. ¿Qué más se puede decir? Es bueno y hermoso. ¿Está aquí el señor Juan Falstaff?
Page.—Está dentro. Quisiera poder hacer algo en bien de vosotros.
Evans.—Así es como debe hablar un cristiano.
Pocofondo.—Señor Page, él me ha ofendido.
Page.—Lo reconoce en cierto modo, señor.
Pocofondo.—Si lo reconoce, no lo repara. ¿No es así, señor Page? Me ha ofendido; en todas veras me ha ofendido: en una palabra, me ha ofendido. Creedme, Roberto Pocofondo, escudero, lo ha dicho: se le ha ofendido.
Page.—Aquí viene sir Juan. (Entran sir Juan Falstaff, Bardolfo, Nym y Pistol.)
Falstaff.—Y bien, señor Pocofondo: ¿váis á quejaros de mí al rey?
Pocofondo.—Caballero: habéis golpeado á mis gentes, muerto mi caza y forzado las puertas de mi habitación.
Falstaff.—¿Pero no he besado á la hija de vuestro guardián?