Slender.—Bien, eso no importa.

Nym.—Tajarlo! digo, pauca, pauca, tajarlo! Eso me pide el gusto.

Slender.—¿Dónde está Simple, mi criado? ¿Lo sabéis, primo?

Evans.—¡Paz, os ruego! Procuremos entendernos. Á lo que se me alcanza, hay tres árbitros en este asunto, á saber: el señor Page, fidelicet, señor Page: yo mismo, fidelicet yo: y por fin y remate el tercero es mi posadero de la Liga.

Page.—Nosotros tres para entender del asunto y arreglarlo entre ellos.

Evans.—Muy bien. Tomaré nota en mi libro memorandum, y después nos ocuparemos de la causa con toda la discreción que nos sea posible.

Falstaff.—Pistol!

Pistol.—Soy todo orejas.

Evans.—¡El diablo y su abuela! ¿Qué frase es esa «ser todo orejas»? Pues eso es afectación.

Falstaff.—Pistol, ¿robaste la bolsa del señorito Slender?