Bardolfo.—Y estando achispado, le arreglaron las cuentas, como dicen, y así se acabó el cuento.

Slender.—Sí, y entonces hablaste en latín pero no importa. Nunca, jamás me emborracharé mientras viva otra vez, sino en honrada y buena sociedad, á causa de este percance. Si me emborracho, me emborracharé con los que tienen temor de Dios, y no con ebrios bribones.

Evans.—Que Dios me juzgue, como es cierto que ese es un propósito de virtud.

Falstaff.—Oís, señores, que todos esos cargos han sido negados. ¿Lo oís? (Entra Ana Page, trayendo vino, seguida por la Sra. Ford y la Sra. Page.)

Page.—No, hija. Llévate el vino. Beberemos allá dentro.

(Sale Ana Page.)

Slender.—¡Oh cielos! Esta es la señorita Ana Page.

Page.—¿Cómo va, señora Ford?

Falstaff.—Por vida mía, señora Ford, sois muy bien venida. Con vuestro permiso, buena señora.

(La besa.)