Ana.—Ciertamente que sí, señor.

Slender.—Eso para mí es ahora como comer y beber. Veinte veces he visto suelto á Sakerson, y lo he cogido de la cadena; pero os aseguro que las mujeres han gritado y chillado tanto, que era sobre toda ponderación. En verdad las mujeres no pueden sufrirlos. Son animales bastante feos y rudos.

(Vuelve á entrar Page.)

Page.—Venid, querido señor Slender, venid. Os esperamos.

Slender.—No quiero comer nada. Os doy las gracias, señor.

Page.—Nada, no podéis hacer lo que queráis. Venid, venid.

Slender.—No, os lo suplico. Id delante.

Page.—Vamos, señor; adelante.

Slender.—Señorita Page, id vos primero.

Ana.—De ningún modo yo, señor. Os ruego que sigáis.