Ford.—¿De veras? Adelante, caballeros, que vais á tener diversión. Seguidme, señores.

(Sale.)

Evans.—Fantasías de celoso.

Caius.—Por vida de...! que no es así la moda en Francia. Nadie tiene celos en Francia.

Page.—No. Seguidle, señores, y ved el resultado de su investigación.

(Salen Evans, Page y Caius.)

Sra. Page.—¿No hay en esto un doble mérito?

Sra. Ford.—No sé qué me deleita más; si ver que mi marido se engaña, ó ver la burla hecha á sir Juan.

Sra. Page.—¡Qué bien atrapado debió verse cuando vuestro esposo preguntó lo que iba en el canasto!

Sra. Ford.—Temblando estoy de que necesite un baño para lavarse: de manera que echarlo al agua, será hacerle un beneficio.