Pocofondo.—No os acobardéis.
Slender.—No, ella no me acobarda. Eso no me importa. Solamente que tengo miedo.
Aprisa.—Oíd, Ana. El señor Slender desea hablaros una palabra.
Ana.—Soy con él al instante. Este es el escogido por mi padre. ¡Oh! ¡Qué cúmulo de viles y feos defectos, parece hermoso por trescientas libras de renta!
(Aparte.)
Aprisa.—¿Y qué tal os va, mi buen señor Fenton?
Pocofondo.—Ya viene.—¡Á ella, primo!—¡Oh muchacho, has tenido padre!
Slender.—Yo tuve padre, señorita Ana; mi tío puede deciros buenas bromas de él. Contad á la señorita Ana el chiste de cómo mi padre se robó dos gansos de la jaula.
Pocofondo.—Señorita Ana, mi primo os ama.
Slender.—Por cierto que sí; tanto como á cualquiera mujer en Gloucestershire.