Simple.—¿Cuál, señor?
Falstaff.—Tenerla ó no. Vé á decirle que así me lo dijo la mujer.
Simple.—¿Deberé atreverme á decirlo así?
Falstaff.—Sí, señor palurdo. ¿Quién se atreverá á más?
Simple.—Doy gracias á vuestra señoría. Voy á alegrar á mi amo con estas nuevas.
(Sale Simple.)
Posadero.—Eres docto, eres docto, sir Juan. ¿Estabas con una adivina?
Falstaff.—Es verdad, posadero mío, con una que me ha enseñado á tener más ingenio, que lo que jamás había aprendido en toda mi vida. Y que en lugar de pagarle por ello, he sido pagado por mi aprendizaje.
(Entra Bardolfo.)
Bardolfo.—¡Ah, señor! Ha sido una picardía! Una bribonada!