Sra. Ford.—La señora Page ha venido conmigo, vida mía.
Falstaff.—Pues divididme como ciervo regalado, la mitad de las ancas para cada una; guardaré para mí los costados, daré los hombros al mozo que pasea por aquí, y dejaré en legado á vuestros maridos estos cuernos. ¿No soy un verdadero montañés? ¿No hablo como el cazador? Por mi alma que ahora Cupido es muchacho de conciencia, como que hace restitución. Sed bienvenidas á este vuestro espíritu verdadero.
(Se oye ruido dentro.)
Sra. Page.—¡Ay! ¡Qué ruido!
Sra. Ford.—¡Que el cielo se apiade de nosotras!
Falstaff.—¿Qué podrá ser?
| Sra. Ford. | } | Huyamos! |
| Sra. Page. |
(Se van.)
Falstaff.—Parece que el diablo no quiere que yo me condene, mientras la grasa que hay en mí no haga prender fuego al infierno. Á no ser así, no me contraría de este modo.
(Entran sir Hugh Evans en traje de sátiro, la señora Aprisa y Pistol; Ana Page como reina de hadas, acompañada por su hermano y otros, en traje de hadas, con bujías de cera en la cabeza.)