César.—¿También tú, Bruto? ¡César, déjate morir! (Muere. Los senadores y el pueblo se retiran en confusión.)
Cinna.—¡Libertad! ¡Libertad! ¡La tiranía ha muerto! Corred, proclamadlo, pregonadlo por las calles.
Casio.—Que vayan algunos á las tribunas populares y griten: «¡Libertad y emancipación!»
Bruto.—Pueblo y senadores, no os asustéis.—No huyáis: estad quedos. La ambición ha pagado su deuda.
Casca.—Id á la tribuna, Bruto.
Decio.—Y Casio también.
Bruto.—¿Dónde está Publio?
Cinna.—Aquí, enteramente azorado con este tumulto.
Metelio.—Permaneced bien juntos, no sea que algún amigo de César pudiera.....
Bruto.—¡No habléis de permanecer así!—Buen ánimo, Publio. Ningún mal se intenta á vuestra persona, ni á la de ningún otro romano.—Decidlo así á todos.