ESCENA II.

Delante de la tienda de Bruto, en el campo cerca de Sardis.

Tambor.—Entran BRUTO, LUCILIO, LUCIO y SOLDADOS. TICINIO Y PÍNDARO se encuentran con ellos.

Bruto.—¡Alto aquí!

Lucilio.—Dad la voz y haced alto.

Bruto.—¿Qué hay, Lucilio? ¿Está Casio cerca?

Lucilio.—Va á llegar, y Píndaro ha venido á saludaros en nombre de su señor.

(Píndaro da una carta á Bruto).

Bruto.—Me saluda bien. Vuestro señor, Píndaro, por mudanza en él, ó por malos oficiales, me ha dado algún motivo para desear que cosas que habían sido hechas se deshicieran; pero si está tan próximo, quedaré satisfecho.

Píndaro.—No dudo que mi noble dueño aparecerá tal como es, lleno de delicadeza y honor.