Dentro.—¡Alto!

Casio.—Muy noble hermano. Habéis sido injusto hacia mí.

Bruto.—Juzgadme ¡oh dioses! ¿Hago injusticia á mis enemigos? Pues si no la hago ¿cómo podría hacerla á un hermano?

Casio.—Bruto, esta sobria apariencia vuestra encubre injusticias; y cuando las hacéis....

Bruto.—Conteneos, Casio. Exponed vuestros agravios tranquilamente. Os conozco bien. Aquí bajo las miradas de nuestros dos ejércitos, que no deben ver entre nosotros sino buen afecto, no disputemos. Haced que se retiren y luégo en mi tienda, Casio, os espaciaréis sobre vuestras quejas y os daré audiencia.

Casio.—Píndaro, pedid á los jefes que retiren un poco de este lugar sus tropas.

Bruto.—Hacedlo también, Lucilio; y que nadie venga á nuestra tienda hasta que haya terminado nuestra conferencia. Que Lucio y Ticinio guarden la puerta.

(Salen.)

ESCENA III.

En la tienda de Bruto.