Bruto.—Nada, Messala.
Messala.—Paréceme extraña cosa.
Bruto.—¿Por qué lo preguntáis? ¿Habéis sabido algo de ella en vuestras cartas?
Messala.—No, mi señor.
Bruto.—Pues sois romano, decid la verdad.
Messala.—Pues bien: sobrellevad como romano la verdad que digo. Muerta es en verdad y de extraña manera.
Bruto.—Adios, pues, Porcia. Tenemos que morir, Messala; y reflexionando en que ella había de morir un día, encuentro paciencia para sufrir esto ahora.
Messala.—Así es como los grandes hombres deben sobrellevar las grandes pérdidas.
Casio.—Tengo tanto de ello en teoría como vos; pero mi naturaleza no podría sufrirlo así.
Bruto.—Bien. Á nuestra obra viva. ¿Qué pensáis de marchar inmediatamente á Filipi?