Hamlet.—Economía, Horacio, economía. Aun no se habían enfriado los manjares cocidos para el convite del duelo, cuando se sirvieron en las mesas de la boda... ¡Oh! yo quisiera haberme hallado en el cielo con mi mayor enemigo, antes que haber visto aquel día. ¡Mi padre!... me parece que veo á mi padre.

Horacio.—¿En dónde, señor?

Hamlet.—Con los ojos del alma, Horacio.

Horacio.—Alguna vez le ví. Era un buen rey.

Hamlet.—Era un hombre tan cabal en todo, que no espero hallar otro semejante.

Horacio.—Señor, yo creo que le ví anoche.

Hamlet.—¿Le viste? ¿A quién?

Horacio.—Al rey vuestro padre.

Hamlet.—¿Al rey mi padre?

Horacio.—Prestadme oído atento, suspendiendo un rato vuestra admiración, mientras os refiero este caso maravilloso, apoyado con el testimonio de estos caballeros.